La plaza del barrio
quedó esperando tu sonrisa...
camina con su tristeza,
venerando y honrando
aquella belleza que no fue.
Un rincón donde mis palabras soplan el polvo de mis silencios. Poesías que emergen de mi cuerpo, como susurros, relámpagos o raíces. Una boca, mi boca, que dice, desarma, y despierta.
La plaza del barrio
quedó esperando tu sonrisa...
camina con su tristeza,
venerando y honrando
aquella belleza que no fue.
Sembrar en tierra propia y ajena.
Dar sin pedir retribución.
Amar sin querer poseer.
Aceptar la fragilidad.
Valorar la inteligencia.
Apreciar la incertidumbre de la vida.
Apostar a los deseos.
Hablar del malestar.
Escuchar para empatizar.
Existir desde una ética.
Mantener la interrogación.
Revelarse frente a la injusticia.
Desarmar para armar.
Salir de la cascara, ir hacia la pulpa.
Salir de lo banal, ir hacia la hondura.
Salir del río manso, ir hacia aguas profundas.
Salir del desierto, ir hacia la llanura.
Salir del barro, ir hacia la flor.
Salir del egoísmo, ir hacia la renuncia.
Salir de la desidia, ir hacia el tropiezo.
Salir de afuera, ir hacia adentro.
Cansada tu espalda,
sincero tu
devenir,
alma en
movimiento,
filosofía en tu
decir.
Dolor en tus
caminos,
se acercan a tu
fin,
futuro
incipiente,
el tiempo es un
ruin.
Contemplo tu
descanso,
esperando el fin,
serás eterna
madre,
vivirás siempre
en mí.
Quizás sea
momento de olvidar,
desempolvar mi
espalda,
recoger lo que quedó,
renacer en otro
horizonte,
abrir el corazón
a lo que viene.
Se cansó mi barro,
que retozaba pleno
en el jardín insondable
de mi ser.
Se cansaron mis
talones,
sangrados y abatidos,
murieron incomprendidos
en el ocaso de mi
atardecer.
La bronca aún queda,
falleciendo y
renaciendo,
escondida en mi
bosque
esperando un
nuevo florecer.
Miro mi árbol
caído,
inocente mis
manos
recogen sus
hojas,
al fin mis ramas descansan...
Me abrazo nuevamente
al cobijo de la
esperanza.
Mi propio aliento
se hizo ceniza,
el deseo se
desojó como una flor,
se entregó al
último abrigo.
El tiempo escapó de
mi jaula,
relajado sacude su sangre,
despliega sus alas,
vuela con la lluvia del infortunio.
La plaza del
barrio,
se quedó
esperando
tu sonrisa,
camina con su tristeza,
venerando y honrando
aquella belleza que no fue.
Misterioso universo,
amargo avatar,
presagio gris de esta vida,
incomprensible desvelo,
vos y yo,
juntos...
cuanto camino recorrido.
Cáscaras de un
mundo primario,
irredentas y
ardientes,
van despojándose
de mi ser…
Pulsan mis
recovecos,
alumbrando mis sombras…
Jardín que se
acerca fluyendo
sobre mi piel…