Quizás sea
momento de olvidar,
desempolvar mi
espalda,
recoger lo que quedó,
renacer en otro
horizonte,
abrir el corazón
a lo que viene.
Se cansó mi barro,
que retozaba pleno
en el jardín insondable
de mi ser.
Se cansaron mis
talones,
sangrados y abatidos,
murieron incomprendidos
en el ocaso de mi
atardecer.
La bronca aún queda,
falleciendo y
renaciendo,
escondida en mi
bosque
esperando un
nuevo florecer.
Miro mi árbol
caído,
inocente mis
manos
recogen sus
hojas,
al fin mis ramas descansan...
Me abrazo nuevamente
al cobijo de la
esperanza.
Mi propio aliento
se hizo ceniza,
el deseo se
desojó como una flor,
se entregó al
último abrigo.
El tiempo escapó de
mi jaula,
relajado sacude su sangre,
despliega sus alas,
vuela con la lluvia del infortunio.
La plaza del
barrio,
se quedó
esperando
tu sonrisa,
camina con su tristeza,
venerando y honrando
aquella belleza que no fue.
Misterioso universo,
amargo avatar,
presagio gris de esta vida,
incomprensible desvelo,
vos y yo,
juntos...
cuanto camino recorrido.